Autor César Recuenco Cardoso

En el marco de la 3ra Feria del Libro y del Concurso Nacional de la Marinera, celebrados recientemente en la ciudad de Trujillo, acaba de ser presentado el libro: Nuestra Marinera...una reina de la identidad nacional, de César Recuenco Cardoso, joven escritor limeño y trujillano por añadidura. Dicho acto, que se efectuó el 26 de enero pasado en la plazuela El Recreo, estuvo a cargo de Samuel Hooker Noguera y Alberto Mosquera Moquillaza. Aquí presentamos el texto leido por el profesor Mosquera.


Por Alberto Mosquera Moquillaza

Voy a empezar mi intervención destacando en primer lugar el trabajo de investigación de César Recuenco Cardozo, es decir, el quehacer de la investigación en sí, que le permite al autor presentarnos este magnífico libro que estamos comentando, al que ha titulado “Nuestra Marinera, Una Reina de la Identidad Nacional”.

Deben ustedes saber que los intelectuales no sólo tenemos que leer, estudiar, escribir, sino sobre todo investigar y difundir los resultados de nuestras investigaciones. César Recuenco nos está entregando el día de hoy el producto de ese esfuerzo intelectual, que lo ha llevado a revisar libros, revistas, cancioneros, partituras, periódicos, etcétera; ha entrevistado a decenas de gentes, bailarines o no, ha navegado horas de horas en Internet, ha escuchado de seguro, una y otra vez marinera tras marinera, tonderos, huaynos, tristes y otras expresiones musicales peruanas para ubicar coincidencias o diferencias; ha recorrido seguramente academias y festivales de marinera para hacer lo que los antropólogos llamamos observación participante, y desde el corazón de esos ambientes, convirtiéndose en protagonista, asimilar en vivo, el espíritu, la gracia, la picardía, y todos aquellos sentimientos que se plasman en esa danza-canción.

En otras palabras, César Recuenco Cardozo nos ha convocado a este recinto para darnos a conocer los resultados de una aventura intelectual a la que se ha entregado en cuerpo y alma en estos últimos tiempos, con un solo propósito, el de contribuir a generar y afirmar una memoria histórica, en cuyas fronteras las expresiones culturales de nuestros pueblos, en este caso la marinera, nos permiten crear o enriquecer una conciencia de pertenencia a un sector social, a la tierra que nos vio nacer, a la región que compartimos con otros pueblos sean cuales sean el color de su piel o su idioma, o a un país como el nuestro, donde la diversidad cultural es uno de sus principales rasgos estructurales.

Esa memoria histórica a la que nos estamos refiriendo debe construirse desde el registro minucioso de las grandes conquistas materiales de nuestros pueblos en su lucha por la supervivencia, o en el recuerdo de las grandes jornadas que les tocó vivir en su batallar por lograr y salvaguardar su independencia, o también desde la remembranza de las vidas y gestas de sus grandes conductores. No basta, sin embargo, con tomar conciencia de esos hechos. El hombre peruano a lo largo de su historia y desde muy temprano, ha sido capaz, sin tutorías de ningún tipo, de crear una cultura espiritual manifiesta en sus tejidos y cerámicas, en su arquitectura y orfebrería, y por supuesto que en sus danzas y canciones.

Esta capacidad de hacer arte, específicamente música, canciones y danzas, revela en el hombre peruano una sensibilidad incubada y desarrollada en medio de la hermosura de sus paisajes: el mar y los arenales, los ríos y lagos, los bosques y lomas, los cerros y nevados, la flora y la fauna, el cielo y sus estrellas; y sobre todo fraguada en el calor de lo que Vallejo llamaba campos humanos, que hacen del Perú, como lo sostuvo José María Argüedas “una fuente infinita para la creación”. Talento innato que se ha ido recreando y enriqueciendo en cada una de las etapas evolutivas por las que nuestros pueblos han atravesado, en condiciones de autonomía o de dependencia.

Cuando Recuenco Cardozo, a lo largo de su libro nos lleva de la mano, capítulo tras capítulo, para explicarnos con minuciosidad y lenguaje pedagógicos el devenir de la marinera, desde sus orígenes plebeyos y multiétnicos hasta su entronización como baile nacional, justamente está cumpliendo con una gran responsabilidad ética, propia de los intelectuales comprometidos con su realidad: la de aportar en la reconstrucción de ese pasado, que aunque resulte paradójico es también presente, y en cuya interiorización encontramos la llave maestra de esa identificación de la que hablamos líneas arriba, pero también de aquellas respuestas que tienen que ver con esas lacerantes interrogantes del qué somos y hacia donde vamos como país que aspira al bienestar y al desarrollo integral y sostenido.

Las bases documentales, testimoniales o monumentales de esa memoria están dispersas. No ha existido ni existe de parte de nuestras autoridades una política sistemática de reconstrucción de esa memoria, ellas han sido ganadas por una amnesia interesada, sobre la que cabalga el rechazo a un verdadero conocimiento histórico, por ende crítico, del curso que ha seguido nuestro país, y una subestimación que se convierte muchas veces en desprecio de las creaciones materiales y espirituales de sus gentes y de sus epónimos gestores.

Veamos un ejemplo. La historia registra, Recuenco Cardozo lo ratifica en su libro, que fue Abelardo Gamarra, “El Tunante” quien bautizó como marinera aquella interpretación que en la segunda parte del siglo XIX era conocida como la chilena. El gesto, en el contexto en que se dio, fue un acto de homenaje inmenso y merecido al Caballero de los mares, don Miguel Grau y a la marina peruana, que en el mar y en terribles condiciones de inferioridad se enfrentaba a la poderosa escuadra chilena en defensa de la patria y del honor nacional.

Pero Gamarra no sólo debe ser recordado por ese acto. Él fue un escritor costumbrista, pero con una visión anticonservadora, totalizadora, y apasionada del Perú, al que defendió incluso en los campos de batalla. Según Jorge Basadre, Gamarra “quiso hacer obra netamente popular, ser comprendido por el pueblo y contribuir a través de este medio a elevar el nivel moral, espiritual y social del país”.

Pues bien, en el Callao existe un Colegio que con justicia lleva el nombre de Abelardo Gamarra, pero donde los alumnos, hasta hace poco, no sabían de quien se trataba, como tampoco conocían su legado cultural. Los viejos poderes, aguijoneados por las críticas de “El Tunante”, tendieron en su momento el manto del olvido sobre tan ilustre figura de nuestra historia nacional; en pleno siglo XXI sigue siendo un personaje ignorado, la amnesia histórica sigue taponando el conocimiento de su trascendencia.

Por eso es que investigaciones como la de César Recuenco merecen nuestro aplauso en tanto y en cuanto apuntalan esa labor de recuperación de los insumos de nuestra memoria histórica, titánica labor a través de la cual se resiste el olvido. Trabajo doblemente plausible en las circunstancias actuales en que una nueva oleada modernizadora amenaza con arrasar nuestras singularidades culturales en pro de una universalización divorciada de nuestros intereses colectivos, como país y nación. Hay que resistir esa nueva embestida fortaleciendo lo nuestro: monumentos arqueológicos, calles y plazas tradicionales, casonas y murallas, playas y totorales; que no se pierda el verdor de nuestros valles, que no nos arranquen el encanto y la picardía de nuestras danzas y canciones.

Hasta donde conozco, aquí en Trujillo, donde nació dios, hay un buen ejemplo de esa resistencia a la que me refiero, esa movilización gigantesca a la que convocan los festivales de marinera, y que hoy se multiplican en diversos puntos del mundo, la fiesta de la primavera, que es al mismo tiempo la fiesta de las flores, de la belleza y de la alegría, la defensa del Centro Histórico y ahora este libro de César Recuenco Cardozo constituyen ese gran ejemplo de lo que estamos afirmando.

No se piense, sin embargo, que nos oponemos a los aportes materiales o espirituales que provengan del exterior. Nada de eso, porque se puede ser universal sin dejar de ser peruano, o si ustedes quieren se puede ser un peruano universal. César Vallejo, de Santiago de Chuco, es uno de los prototipos del peruano universal: revolucionó la poesía de la lengua española pero nunca abdicó de sus raíces telúricas. Como lo dijo en Telúrica y Magnética: “¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y Perú al pie del orbe; yo me adhiero¡”. He ahí una orientación fundamental, que la hacemos nuestra en este mediodía trujillano, en esta histórica Plazuela del Recreo, a la que hemos sido convocados por César Recuenco Cardozo, el autor, de “Nuestra Marinera, una reina de la Identidad Nacional”, que a juicio de quien habla debe convertirse en un texto obligado de lectura de los amantes de la cultura popular, de sus danzas y canciones.

Muchas gracias

     
 
     
 
 
 
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